La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

esa tenue claridad

esa tenue claridad
que se escapa desde el cielo
como una promesa
en el momento más oscuro
y desaparece
dejándote una sensación de infinito
en el pecho

y te empuja a seguir el camino
buscando la luz
en la noche del hombre

un camino tortuoso
por los horrores del siglo
que te hace pensar
en que tal vez
todo fue un espejismo



el golpe

el golpe
astilla el hueso
en el miembro vivo
y a cada paso
vas dejando de ser tú
para convertirte
en  ese dolor

epitafio

la cepa seca y amputada
bajo tierra
no espera el suave deshielo
del invierno
en el mes de marzo

los amantes
que yacen juntos
en los monumentales panteones
no se acompañan
ni se sienten solos

se pudren lentamente
y fermentan en sus jugos
impasibles
sin anhelos
caminando hacia una nada definitiva

riega esta lápida con vino
y contempla su rictus marmóreo

entre estas paredes
no encontrarás ni alba ni primavera

baja la cuesta que lleva hasta el pueblo
y en la taberna
emborráchate
mientras puedas


entras en mi tumba

entras en mi tumba
para machacar mis huesos

ebrio
entras en mi tumba
cubierto de gloria
entras en mi tumba
bañado en sudor
entras en mi tumba
escupiendo ceniza
entras en mi tumba

profanas mi restos
con tus manos
y yo
me ofrezco en holocausto






el hombre

el hombre
sentado en la más muda oscuridad
con las manos sobre las rodillas
y los ojos abiertos de espanto

no se mueve

la muerte ronda