La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

entras en mi tumba

entras en mi tumba
para machacar mis huesos

ebrio
entras en mi tumba
cubierto de gloria
entras en mi tumba
bañado en sudor
entras en mi tumba
escupiendo ceniza
entras en mi tumba

profanas mi restos
con tus manos
y yo
me ofrezco en holocausto






el hombre

el hombre
sentado en la más muda oscuridad
con las manos sobre las rodillas
y los ojos abiertos de espanto

no se mueve

la muerte ronda