La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

Cronos y Euterpe

Cronos:
inconcebible
ni deseo ni esperanza
el desierto sin dunas ni horizonte
sin causa
no concibe la lápida
más que un sueño de piedra

Euterpe:
me complazco en la maleza
jaramago y biznaga
soy el esparto en el pericarpio
confío en  la lluvia que fecunda la tierra

antes de todo
yo era

y renazco
resucito
exploto en tu cabeza

antes de todo
yo era

me extiendo entre el azul y el rojo
soy el sahel que orgulloso
resiste y espera

antes de todo
yo era

Cronos:
los dados están marcados
el regalo está en mi mano
si puedo amordazar
amordazo



(un trueno atraviesa el mundo) 


Euterpe:
con un grito desgarrado
ardiente
fecundo
un llanto cósmico de pétalos
en el gineceo llueven estambres
un diluvio de tierra fértil
inunda los campos de sangre
bailo
¿te molesta que me muestre orgullosa?
bailo
el cosmos se deleita en mis caderas
¿crees iluso que existe freno
para el magma de mis piernas?

antes de todo
yo era


Cronos:
un silencio de mármol
lo sostiene todo
la carcoma
mastica los cimientos
el miedo
arranca lenguas


Euterpe:
los hombres se enamoran de mí
y quieren poseerme en pedestales
ni la a precede a la b
ni hay número que me contenga
¿crees que me sujeta la gravedad a la tierra?
no hay leyes para la belleza
mira mis pechos
y tiembla
yo decido
soy la dueña

antes de todo
yo era



Cronos:
en la bóveda giran los astros
y en su garganta sangran estigmas
en  un trono tinieblas
sigue la pena sentada
si el gallo no canta
el mundo se queda sin alba

Euterpe:
pobre cautivo
consiento que toques mi piel
y sientas
sudamos en sábanas de seda
las caricias quedarán en la síndone
como una alianza de venas
cuando hayas muerto
otros leerán las huellas
para mí no hay tiempo

antes de todo
yo era

Cronos:
sombras negras
en  noche sin candiles ni planetas
huellas negras
en tela rota de plañidera

Euterpe:
eremita en la gruta
invocas mi nombre de nuevo
tus manos me fraguan
sobre el yunque de tu pecho

ese fulgor de metales

invocas mi nombre
y tiemblo
invocas mi nombre
y entro
a confundirme con tus huesos

ese fulgor de metales



Cronos:
la maleza devora los caminos
el río
en su cauce se seca



Euterpe:
te beso en todos los hombres
y en cada uno broto y fructifico
me pierdo en el iris de sus ojos
y en los corazones
desciño mi vestido

invocas mi nombre
y vengo
con las risas y el vino
vengo
con la savia de los lirios
vengo
con el fuego del averno
vengo
con la rabia del apóstata
vengo
con las lágrimas del destierro  
vengo
con el silencio de las tumbas
vengo












por leguas y leguas

por leguas y leguas
remo con mis brazos
sobre las aguas

la brisa es tan suave
que parece el aliento de dios

el horizonte empieza a arder

el fuego del alba
se confunde con las brasas del ocaso

sólo el abismo puede salvarnos

en esta barca
ya no caben más derrotas

aunque llegue la noche más oscura
seguiré remando

en el frío de las lápidas

en el frío de las lápidas
y el silencio de los nichos

sin más caricia
que la brisa que corre entre los cipreses

solo
entre huesos y cenizas

como una inscripción en el mármol

y llegas tú
con tu sonrisa

y haces brotar
rosas del lodo

y vuelvo a sentir
el sol en la cara


un mundo

un mundo
sin puntos cardinales
sin coherencia

horizonte incendiado
que toma mi fuego
y hace con el suyo
una sola hoguera

que escupe mi cuerpo calcinado
sobre infinitas estepas de escarcha

y sobre el hielo
ya cenizas heladas
sigo sin entender

lugar de mis desdichas

lugar de mis desdichas
ciudad de las mil derrotas
laberinto de cloacas donde habito
me abandono en tus intestinos

me devoras con dientes de madrugada
y nunca te sacias

la miseria mastica
noche tras noche
ejércitos de espectros
en un infierno de rabia

suplican los inconscientes ser regurgitados
otra vez a esta estepa de hielo
¡dichosos los que no vuelven!

cuerpos amputados
cegados para siempre a la luz
salen de las alcantarillas a tientas

un espectáculo dantesco

huesos quebrados
tan exhaustos
que sólo ambicionan dormir

deja que mi fracaso
abandone tu dominio
ansío las tinieblas destierro