La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

no iré

no cruzaré el país
para llegar al desierto
donde naciste

no preguntaré en el pueblo
por aquel cerro
donde fuiste feliz
siendo un pastor solitario

no daré allí
tus cenizas al viento
para que las confunda
con el polvo de tu tierra

no dejaré flores en el suelo
pensando
que cuando llegue la lluvia
tus cenizas serán esparto

no oiré los sollozos
de mi madre viuda
sonando como los de una niña
que ha perdido a su padre

no volveré en silencio
por los caminos de arena
seguro de no pisar
nunca más
aquellos campos

serán otros
los peregrinos enlutados
serán otros
los oficiantes del adiós definitivo
serán otros
los que vuelvan silenciosos

para mí
y para ti
todo acabó
en una mueca
negra




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