La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

un paréntesis en el vacío

un paréntesis en el vacío
una chispa
un golpe seco
un fugaz murmullo
en el silencio
de la noche

una última caricia
la última
la que casi no se siente
porque se viene sobre uno
el dulce beso de la muerte

una mueca de dolor
una bofetada
un presentimiento
que te hiela el pecho

un ahogo en la garganta
un calambre
un suspiro

un abrir y cerrar de ojos
sin ojos
ni oídos

un no sentir
un sinsentido
un no saber
un no entender

una soledad absoluta
en un desierto infinito

y aquí estamos

y aquí estamos
viviendo en un suspiro
desperdiciando los segundos
engañando al tiempo
con nimiedades

y aquí estamos
sintiéndonos protagonistas
de una tragicomedia
que a nadie le importa

y aquí estamos
un grito desesperado
en la inmensidad del vacío
la piel de un plátano
en un basurero

y aquí estamos
inventando dioses y almas
y segundas partes
infiernos
y cielos

y aquí estamos
seres ridículos
y pequeños
intentando comprender
todo esto

y aquí estamos
tristes
solos
desconcertados

y aquí estamos
a pesar de todo

cambio

cambio mis cadenas
por nubes de ceniza

cambio mis lágrimas
por todas las dunas de los desiertos

cambio este ahogo en el pecho
por el vacío más absoluto

cambio mi sed
por cauces de ríos secos
y cántaros rotos

grita en mis pupilas
la voz un gallo negro
que anuncia fuego


uno

la luz del sol
asesinada en la emboscada de los montes

el resplandor de la luna
apenas un recuerdo humillado del día

como una brecha infinita
en el velo del tiempo
se aparece la bóveda celeste

frente a mis diminutos ojos humanos
la permanencia
el interior de la roca
lo que perdura

una danza eterna

ecos de lejanos cadáveres
que giran giran y giran
sobre el cénit de mi cráneo
en un baile que es para siempre

como derviches giróvagos
siguen un ritmo repetitivo
imparable 
el latir sideral que lo empuja todo
que nos empuja
hacia ninguna parte

todo es dios en este preciso instante

el pasado y el futuro 
son sólo sombras
que tras una pálida bruma
desaparecen

es el momento
la presencia

una caricia que te abraza
y te aprieta en su regazo

una promesa


despacio

más despacio
más lento

como la encina
que se ríe del tiempo

más despacio
más lento

como el olivo
que no cuenta los días

más despacio
más lento

como la tierra
que nos congela los huesos
a los relojeros

no iré

no cruzaré el país
para llegar al desierto
donde naciste

no preguntaré en el pueblo
por aquel cerro
donde fuiste feliz
siendo un pastor solitario

no daré allí
tus cenizas al viento
para que las confunda
con el polvo de tu tierra

no dejaré flores en el suelo
pensando
que cuando llegue la lluvia
tus cenizas serán esparto

no oiré los sollozos
de mi madre viuda
sonando como los de una niña
que ha perdido a su padre

no volveré en silencio
por los caminos de arena
seguro de no pisar
nunca más
aquellos campos

serán otros
los peregrinos enlutados
serán otros
los oficiantes del adiós definitivo
serán otros
los que vuelvan silenciosos

para mí
y para ti
todo acabó
en una mueca
negra