La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

un puñado de huesos

un puñado huesos

ni carne
ni músculos
ni nervios

solo una fría osamenta
que se va encorvando
con el paso del tiempo

ni corazón
ni cerebro

descanso en ataúdes
y vivo en panteones

como no tengo piel
no espero caricias

como no tengo ojos
ni sufro la vigilia
ni me alivia el sueño

vivo para siempre
en un limbo de nácar

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