La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

la culpa

se pone el sol
y me arrepiento como todos los días
del camino andado

llego con los pies heridos
y el alma exhausta

apenas puedo pensar

mi cráneo es un avispero
que se retuerce nervioso
por la inminencia del ocaso

tantos fantasmas a mis espaldas
que no sé dormir sin rechinar los dientes

en pesadillas me retuerzo
cada noche en el juicio final

la culpa
siempre la sucia culpa
que me arrastra sin remedio a las tinieblas

pero
quién habrá de juzgarme

dios se suicidó cuando creó el universo
y los cielos están vacantes

todas las manos están llenas de inmundicia

hay maneras de devolver los muertos
a las tumbas
pero cuando vuelvo del olvido
me siento desgraciado
y solo quiero llorar

no sé si tiene sentido vivir
en este suicido permanente

qué más puedo decir

qué más puedo decir

diré que soy un huérfano perdido
en esta inmensidad de personas huecas
que deambulan sin sentido
buscando pequeñas mentiras
para llenar sus vacíos

qué más puedo decir

diré que un día aparecí en este mundo
desnudo como el sol de la tarde
y que araño las paredes buscando respuestas
bajo la pátina presuntuosa de los libros

qué más puedo decir

diré que derribé las puertas de los templos
buscando dioses que me escucharan
gritando hasta desgarrarme la garganta
y solo recibí el silencio agónico del mármol

qué más puedo decir

diré que me iré como vine
como un niño que llora
en los brazos de la vida

por primera vez

las arañas

soy la crisálida que rasgó el capullo
con cuchillos de locura
y se arrastraba por el mundo buscando alas
para llegar al cielo sin palabras de los insectos

solo las arañas abrazaron mi cuerpo
mientras me momificaban con sus babas

me quedé solo pendiendo de la telaraña
esperando ser vaciado en un abrazo definitivo

talvez  la mañana me regale escarcha
y no tenga contemplar mi cuerpo devorado
por la última celadora

no supe que quería ser polilla
hasta que pude contemplar la luna
desde mi celda

hay vidas

hay vidas que solo se pueden vivir de pie
ni inclinado
ni de rodillas
ni tumbado

hay vidas que te piden un cuerpo erguido
desafiando a todo y a todos
luchando contra los vientos helados de la barbarie

hay vidas que te dejan solo
y debes ser valiente
y seguir creyendo que mañana
todo irá mejor

hay vidas que prescinden de la gente
hay vidas que nacen muertas
hay vidas que no se sienten

y no hay más remedio
que caminar con zapatos como cuchillas
sobre el mundo

el horizonte

el mar
perezoso
casi tocaba mis pies
y luego se retiraba
una y otra vez

yo no me daba cuenta
de aquel juego

pasaba las tardes absorto
en el horizonte

soñaba con alcanzarlo
algún día

era tan joven
mi piel tan suave
y mis pensamientos tan inocentes
que el mismo horizonte
parecía querer acercarse
convencido de la bondad
de mis intenciones

vuelvo a aquella playa
algún atardecer solitario
con una mirada muy diferente
de la de aquel muchacho

ha pasado tanto tiempo 
que el agua ya no recuerda
que jugó con este hombre

de ojos tristes

cristo lo sabe

cristo lo sabe
por eso se emborracha todas las noches
en ese prostíbulo que hay a las afueras
y toma cocaína solo en los baños

cuando está borracho
se pone pesado hablando de cuando era niño
y jugaba en la carpintería de su padre

nadie sabe de dónde saca el dinero
ni por qué dejó de hablarse hace años con su madre

cristo lo sabe
por eso se pasa la noche bebiendo entre las putas
que son sus únicas amigas
sólo ellas le entienden

cristo quiere olvidarse de todo
como se olvidó de aquellas voces
que le decían que era el mesías cuando era pequeño
como se olvidó de maría y del pueblo

por la mañana
cuando cierran el club
si ninguna mujer le da cobijo
sale dando tumbos por la puerta
y se sienta en el solar lleno de escombros
que hay frente a local

mira el cielo
y dice
bonito día

para que la humanidad siga sufriendo
sin sentido

cristo lo sabe
y no puede soportarlo


un puñado de huesos

un puñado huesos

ni carne
ni músculos
ni nervios

solo una fría osamenta
que se va encorvando
con el paso del tiempo

ni corazón
ni cerebro

descanso en ataúdes
y vivo en panteones

como no tengo piel
no espero caricias

como no tengo ojos
ni sufro la vigilia
ni me alivia el sueño

vivo para siempre
en un limbo de nácar

siempre el cielo

sobre mi cabeza
siempre el cielo

sobre la sierra
siempre niebla
                     lluvia
                           viento

en los riachuelos
siempre agua
                   piedras
                             ruido

en mi cuerpo
siempre oscuridad
                          ausencia
                                   silencio

y en las tumbas
siempre tibias
                  clavículas
                              cráneos

y tras los huesos
siempre el olvido

daré de beber a la tierra

daré de beber a la tierra
inundando con mi sangre los páramos
para que cuando venga la muerte
a arrancarme los ojos
encuentre mi cuerpo seco

tumbado sobre los campos en flor

no hubo tiempo para más

no hubo tiempo para más
dejé lo poco que tenía
en aquel piso que apestaba a noche
y a musgo

tras una bruma cítrica
se esfumaba mi vida

bajé aquellos cinco pisos
machacando tuera

y recordando
aquellas sábanas agrias
donde había abrazado a la carne
como quien se aferra desesperado
a las manecillas del reloj

ya no había amarras
que me sujetaran a aquel puerto

huir no era un problema

escapaba tan solo
que ni el miedo quiso acompañarme

en aquel viaje