La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

pericarpio

como semilla durmiente
en la tierra fría y seca del invierno
espero oculto a los ojos del mundo
la llegada del soplo divino

presiento la vida fuera de mi caparazón
la intuyo más allá de este momento concreto
la adivino en aquello que llaman mañana
esa utopía dorada
escrita en un palimpsesto 
ese extraño recipiente de sueños
esa palabra que suena a viejo
de tanto usarla

en las tumbas siempre es mañana
un mañana sin tiempo
o tal vez es un tiempo que no se mide
con reloj

pero en mi tumba siempre es ahora

vivo atrapado en una madrugada 
que no se acaba nunca
casi acaricio a la aurora
con mis manos cansadas


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