La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

el pez era ojo

el pez era ojo
y la habitación pecera

en la calle
un ir y venir de motores sin ojos
ni miradas
ni palabras

algunos círculos
volaban en el cielo
incluso se adivinaban
algunas espirales

y yo
que no podía ser piernas
me contentaba con ser pecera
pero soñaba con ser círculo
en aquel cielo mortecino de marzo

por un momento
fui lágrima
y latido
sobre la madera

de la silla

el cielo 
se fue haciendo estrella
y sosiego

y mis piernas
piedras

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