La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

porque me pesan los párpados

porque plúmbeas puertas
me niegan el sol del día
recalo cada noche
en las tabernas de mi ciudad

dame vino

mientras te cimbreas tras la barra
como lenta brisa veraniega

dame vino

no busco el perfume de vida
que tu juventud me ofrece

mi espalda necesita la niebla más espesa
y mi frente la médula de las lápidas

trae sobre tus pasos lentos
vino en tinajas rebosantes

no hay prisa
mis males son milenarios

trae vino a mares
a océanos

para sofocar con su sangre
el fuego abrasador del alba

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