La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

ni en el reflejo de mis ojos

ni en el reflejo de mis ojos
en el espejo
devolviéndome la realidad
como una bofetada

ni dentro de mí mismo
vísceras
caños de sangre palpitante
músculos

ni en la adelfa
cuya rotunda belleza
da sentido a mi patio

tampoco en la mano extendida
que sostiene un poco de cobre
pidiéndome ayuda

nunca en la sal que baila
suspendida en las olas
que me salvaron cuando era un chaval

ni siquiera en el  ciprés
que anuncia el descanso 
del cementerio
al peregrino

en ningún sitio

apenas en las caricias
y los abrazos
intuyo tu presencia

desistí de buscarte
en el silencio granítico de las iglesias
cuando todavía era un niño

tal vez oiga como me susurras
tu nombre
en sueños
pero lleno de rabia
me tapo los oídos 

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