La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

no está en mi mano

no está en mi mano
huir del destino

la sangre se desliza
suave
sobre mi mejilla

caí de nuevo

esta vez sin estrépito
sin ruido
apenas un golpe seco
contra la acera

de rodillas
en el suelo
con la mirada perdida
no sé si tiene sentido
levantarse de nuevo

no sé cuál es mi naturaleza
estar de rodillas
sangrando
estar de pie
arrastrándome por la vida
o estar cayendo
y sentir ese vértigo

no está en mi mano
huir del destino

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