La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

reduciendo a escombros

no sé cuánto tiempo llevo
reduciendo mi vida a escombros

tal vez desde que era un niño

demoliendo cada pared
destruyendo cada pilar
deshaciendo todos los puentes

arruinando todo lo bueno
y decente

derribando todo lo que toco
a veces con grandes mazos
a veces con pequeñas picas

siempre
sin descanso

cuando aparece alguien
que iluso
apuntala concienzudamente
los restos de la estructura
precaria
que es mi vida
yo le sigo lento y taciturno
deshaciendo su admirable trabajo

algún día
cuando ya no quede más
que una montaña de escombros
subiré a lo alto
de esa mole informe
y contemplaré el orbe
desolado

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