La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

mil caballos

toda la noche buscando
puñetazos en mi centro
mil caballos que galopen
por mi espalda
recorriendo con sus cascos
cada una de mis vértebras

que trituren el nácar
que el viento se vista de polvo

y que al alba
no quede ni el recuerdo
de esta pobre osamenta
que apenas sostiene mi cuerpo



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