La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

ausencias

sólo lloramos  ausencias

el cariño no correspondido
la caricia que no encuentra piel
las palabras sin oído

siempre llorando  ausencias

el interior de la burbuja
la distancia que nos separa
la altura hasta el cielo

llorando lo que pudo haber sido

las preguntas  sin responder
los caminos sin huellas
los corazones sin latido

llorando lo que no fue




el miedo الهَول

que el horror no me paralice

que la desconfianza no selle mis labios
y pueda explicarte mis miedos
para que me entiendas

que el recelo no ensordezca mis oídos
y puedas explicarme tus miedos
para que te entienda

que olvidemos nuestros miedos
y construyamos esperanzas

que el terror no congele mis piernas
y mis pasos anden el espacio
que separa tu casa de mi casa

que el pánico no cierre mis párpados
y pueda ver mis ojos reflejados en tus ojos
fundiendo las miradas

que el terror no detenga mis brazos
y pueda abrazarte y que me abraces
para que seamos un solo cuerpo

que la cobardía no nos robe el futuro
y que el camino
nos lleve muy lejos




كي لا يَشُّلًّنا الهَول

كي لا يَشُّلَّني الهَول
كي لا تُغلِقَ فُقدانُ الثًّقةِ شَفَتَيّ
كي أستَطيعَ أن أُحَدِّثَكَ عن خَوفي
كي تَفهَمَني...!

كي لا يَعمي الشَّكُّ سَّمعي
كي تَستَطيعَ أن تُحَدِّثَني عن خَوفِك
كي تَفهَمَني...!

كي نَنسى خَوفَنا
كي نَبني آمالَنا

كي لا يوقِفَ الخَوفُ قَدَميَّ
كي أستطيع أن أسيرَ المَسافَة
الفاصِلة بين بيتي وبيتِك...!

كي لا يُغلِق الزُّعرُ جَفنًيَّ
كي أستطيع رُؤية انعِكاسَ عَينَيك في عَينَيَّ
كي تَشُدَ يّديكَ على يَدَيَّ

كي لا يُنهِك الرُّعبُ زِراعَيَّ
كي أستطيعَ عِناقكَ وأنت عِناقي رويداً رويداً...!
كي نصير اثنين...  جسداً واحداً

كي لا يُسرَقَ مِنّا مُستَقبلاً واعداً ....
كي يَصِلَ الطريق بِنا بعيداً .... بعيداً .... بعيداً....!

ligero de equipaje

siempre viajé
ligero de equipaje

a veces me fui
a veces me echaron
pero siempre viajé
ligero de equipaje

a penas un poco de ropa
nada más

ni un recuerdo
ni un olor
ni un beso

nunca me llevé nada
salvo un poco de ropa

pero ésta
es una de esas noches
en las que echo de menos
una foto vieja
en la que no sonrío
una postal de una ciudad lejana
que nunca envié
una caricia deshilachada
que nunca di
una carta de amor
que nunca recibí

y sin embargo
me empeño en viajar
siempre                                                              
ligero de equipaje


los perros

el día que yo me muera
que nadie toque mi cuerpo helado
abrid los ventanales de mi casa
y dejadme allí sentado
señor de las moscas y los gusanos

que el olor a corrompido y putrefacto
atraiga a las alimañas y los chacales
es el perfume de la desgracia
abrid las puertas de par en par
para que triunfantes tomen su nuevo reino

dejad que alimente como despojo
a los perros salvajes
pues no ansío otra vida
ni que honren mi memoria
ni siquiera que me recuerden

soy la lumbre de la noche
que siendo ascuas de madrugada
solo quiere ser cenizas
por la mañana

quiero ser alimento de los canes
que rabiosos separen en trozos mi tronco
y que cerbero pasee por el pueblo
arrastrando mi pobre cabeza
como si mostrara un san juan bautista
que regala una mueca atroz

el día que yo me muera
no quiero reposar en mi cama
ni pongáis velas en el cabezal
no cubráis los espejos con lienzos
ni lavéis siete veces mi cuerpo
con esponjas perfumadas
no me amortajéis con telas blancas
no quiero kafán, ni tálit, ni sábanas
ni cerréis mis ojos
ni acariciéis mi cara

el día que yo me muera
que no vengan mis familiares
de tierras lejanas
no quiero a mi madre llorando
ni monedas en mi boca
solo los perros aullando
y despedazando mis carnes blancas

no creo en dios ni en los hombres
que no vengan buitres a llevarme al cielo
como he vivido quiero que se me trate

no hay consuelo para el que no siente
no hay recuerdo para el invisible
no hay victoria para el cobarde

no queméis mi cadáver con leña
ni esparzáis mis cenizas sobre el ganges
aunque lo mereciera
no quiero vuestro recuerdo

soy la brizna de hierba
que recién nacida amarillea
soy la montaña que disuelve la lluvia
mientras la tierra la eleva
soy el aborto que duerme
en el vientre de la embrazada
soy el niño que nace muerto
y soy la muerte
que de la mano me lleva

dejad que los lobos claven sus colmillos en mí
y que me desuellen moviendo la cabeza
incluso la muerte es pasajera
acaso tengo que querer panteones
lloros o plañideras
acaso soy yo tan iluso para buscar permanecer
en el recuerdo de esta tierra

el día que yo me muera
que no me recen los curas
con sus lenguas muertas
no quiero gente rondando mi casa
solo perros salvajes aullando a mi cadáver
como si fuera la luna llena
el día que me muera







la urraca

como una urraca vieja
y desplumada
te me acercas cojeando
y me graznas
exigiendo mi cariño

! aquí lo tienes!

y devoras mi carne
como una alimaña hambrienta


el ciprés

el ciprés que da sombra
a mi nicho abierto
espera paciente
la llegada de mis huesos

otros cadáveres hubo antes
otros traerá el tiempo

el tiempo
el tiempo que me ve caminar
taciturno y en silencio

andrajos y jirones

como equipaje
sólo me quedan
estos pequeños trozos de vida

jirones deshilachados
y descoloridos

andrajos viejos
inconexos
que guardo en los bolsillos
como un tesoro incalculable

con los que quizás
algún día
intente recomponer algo

o al menos
pueda olvidar esta pena muda
que no me deja 

la burbuja metálica

a veces me quedo atrapado
en pequeñas burbujas metálicas
que flotan en una nada
caótica y espesa

nunca sé por cuanto tiempo
permanezco en mi pequeño estuche
inmovilizado

pero sé
que aún en los peores momentos
mi alma
presiente el universo

el cadáver

he aquí mi cuerpo
inerte
sobre la arena
de esta playa abandonada

he aquí mi cuerpo
accesorio
al paisaje duradero

he aquí mi cuerpo
anecdótico
sobre lo eterno.

mediodía

sobre mi cabeza redunda el cielo
es bóveda
es azul
es inmenso

me abraza convexo
como a un niño de paja
colgado  del cuello

su infinitud me estremece
es mediodía
y yo estoy muerto

mil caballos

toda la noche buscando
puñetazos en mi centro
mil caballos que galopen
por mi espalda
recorriendo con sus cascos
cada una de mis vértebras

que trituren el nácar
que el viento se vista de polvo

y que al alba
no quede ni el recuerdo
de esta pobre osamenta
que apenas sostiene mi cuerpo



amortajando

purifico tu cadáver con las esponjas perfumadas del egeo
escudriño tu ser buscado máculas imaginarias
bendigo tu cuerpo con el agua sagrada del nilo
repaso cada poro de tu piel con alcoholes, afeites y agua oxigenada
te seco concienzudamente con los cabellos de mi barba
te amortajo con telas sin costuras hechas con las sedas del oriente
mis brazos te sirven de ataúd para enterrarte en la cueva más profunda
deposito tu cuerpo amorosamente sobre un lecho de lavandas y romero
sello con mil rocas la salida
y me siento con las mujeres frente la puerta
llorando tu nombre
lázaro

los latidos

mi corazón late lento
pero con toda la fuerza
que puede darme la vida

retumban sus latidos
sobre toda la tierra

no estoy vivo
soy la vida

reinando en las cloacas

camino por las cloacas infectas
de esta ciudad enferma
emigrado de la luz a la oscuridad
desterrado de las calles  a las tumbas
viviendo en las metáforas y los libros
paseando sobre excrementos putrefactos
reinando confortablemente
sobre las ratas

cuando añoro el sol
sigiloso y nocturno
levanto la losa que cierra mi fosa
para que se refleje la amarillenta luz
de los fanales
en mi cara
como un bálsamo de ciprés y aloe

o hambriento y raquítico
me arrastro hasta algún prostíbulo
para lamer del suelo las últimas gotas
de la lluvia láctea y dorada
a cuatro patas
como un perro deseoso de madrugada
deleitándome en su sabor

y  me masturbo

o voy hasta una iglesia
como un lázaro
y en el altar mayor
devoro mi propio corazón
frente a la multitud fervorosa

cuando me siento solo y me ahogo
me transfiguro en salamandra
trepo por los muros infinitos
y espero que un hombre indiferente
acepte  mis besos
imprudente
para reducirlo a cenizas

pero siempre
vuelvo veloz
escurridizo
a mi hogar infectado

y enloquecido por el contacto con el mundo
me corto las dos piernas
esperando
con suerte
desangrarme

al no fluir nada de mis muñones
me siento en mi trono de silencio
vomitándome sobre el pecho
recuerdos
pesadillas
poemas
sin darme cuenta desde mi panteón
que estoy muerto

para calmar heridas y llagas
siembro polvo sobre mi vida
el polvo de todos los caminos peregrinos
que me llevan a la lejanía
y toco la piedra negra de La Meca
y siento el ruido ensordecedor
de los campanarios de Roma
y huelo todo el incienso de Jerusalén
y baño mi cuerpo en el Ganges
y me convierto en un titán
para continuar reinando