La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

inevitable

no puedes evitar
que las golondrinas
crucen el mar cada año

la vida sigue su curso
y vuelven a colgar sus nidos
en la iglesia

pasan los siglos
y esos diminutos pájaros
siguen trayendo primavera

desde mi ventana
las veo volar en círculos
y abajo
en la calle
veo a los hombres
vivir sus vidas
inevitables
sin darse cuenta

el olivo y el destino

como letanía insoportable
repite el otoño en mis labios
las palabras de la sibila:
no creceré nunca

el viento ladeó mi tronco
y retorció mis ramas
el hielo duerme mi savia
y quema mis hojas
la sequía agostará mis raíces
y no daré flores a mayo

para qué quiero aceitunas
si se las comerán los pájaros

mientras me espera la tala
el tiempo pasa las páginas
observando que están en blanco


la ciudad desde arriba

la ciudad desde arriba
desde el cielo

desde la montaña
que rompe el firmamento

nunca desde los túneles
ni desde callejones estrechos

mírala desde la luna
que es mi pecho

subo
más arriba
a la cima

chicos copulan a los lados del camino
trozos de reloj en el suelo

más arriba
más arriba
desde arriba se ve la vida
desde arriba se ve la muerte
con chaqueta de mármol

piso
firme
el último escalón

en la cima
me tumbo
sobre la hierba
con Whitman

miro abajo
buscando a la madre blanca
pero
solo se ve el corazón desde dentro

allá abajo
más adentro
está la disolución

solo dentro de su útero
se puede ser eterno

te busco en lo sucio

te amo en lo frío
y en lo inerte

te amo en el cieno
y en el asco

te amo en lo bajo
y lo subterráneo

te busco en lo sucio
y en lo muerto

sé que solo allí
puedes ser verdadera

me devolvieron el mar

aquel día
me devolvieron el mar
inmenso
azul
imponente
y lo cogí en mi regazo
y lo apreté contra mi pecho
y lo acaricié largo rato

los días siguientes
fui recuperando
el cielo
la brisa
la montaña
a la que subía de pequeño

después de tanto tiempo
todo estaba entero
era como si nunca
lo hubiera perdido

y me entregué
apasionadamente
a vivir
en las cosas elementales
a vivir
en las cosas pequeñas

la luna llena de agosto
la fuente junto a la ermita
un beso en la mejilla
una fila de hormigas

nos fascina el mar

nos fascina el mar
una enorme masa de agua
que refleja la atmósfera
azul

nos fascina el amor
un mecanismo evolutivo
para perpetuar
la especie

nos fascina la belleza
algo subjetivo
carente de sustancia

algo es bello
porque lo es
y deja de serlo
porque sí

paseo entre excrementos
como tú lo haces entre las rosas

de nuevo se derrama la noche

de nuevo se derrama la noche
como un alud de pena
sobre mi cuerpo helado

otra vez
llegará con el alba el sol

y el hielo de mis manos
será primero rocío

y siguiendo los riachuelos
después  será  río

y quién sabe si algún día
por fin
seré mar


la noche que se acaba el mundo

algunas noches
se acaba el mundo
de una manera salvaje
como si un meteorito
arrasara con todo
para siempre

ves explotar la ciudad
deshacerse irremediablemente
lo que has conocido

y vagas por las calles
entre las ruinas
intentando encontrar
el ladrido del perro
o una persiana
entreabierta

algunas noches
la luna se para en el cielo
y parece observarte 

reduciendo a escombros

no sé cuánto tiempo llevo
reduciendo mi vida a escombros

tal vez desde que era un niño

demoliendo cada pared
destruyendo cada pilar
deshaciendo todos los puentes

arruinando todo lo bueno
y decente

derribando todo lo que toco
a veces con grandes mazos
a veces con pequeñas picas

siempre
sin descanso

cuando aparece alguien
que iluso
apuntala concienzudamente
los restos de la estructura
precaria
que es mi vida
yo le sigo lento y taciturno
deshaciendo su admirable trabajo

algún día
cuando ya no quede más
que una montaña de escombros
subiré a lo alto
de esa mole informe
y contemplaré el orbe
desolado

sigue la vida

sigue la vida su cadencia
atroz

destruyendo a su paso
todo lo que encuentra

como un monstruo
imparable

escupiendo pequeños seres deformes
sin corazón
sin alma
sin cuerpo

que suplican gimiendo de dolor
ser devorados
por su propia madre