La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

más allá del horizonte

a veces me cuesta andar
con pasos humanos

a veces me cuesta seguir mirando
con estos ojos que no ven más allá
del horizonte

me alivia  que de vez en cuando
me abraza la vida como una pantera
que con sus zarpas de agua
me ciega

a tientas palpo una realidad desconocida
que apenas intuyo
y me estremece

no sé qué hay de verdad
en aquello que vislumbro

sólo sé que me siento uno
con todo

y cuando el felino me deja
vuelvo a mi caminar
en este extraño sueño
donde el mundo está fuera
y yo dentro

el ángel

yo sé que los ángeles
sólo pueden salir del cieno

que las farolas
iluminan la noche
únicamente para que vea
sus alas embarradas
y pestilentes
y sus zapatos de tacón

¿por qué nadie más
sabe
de su luz?


vida líquida

gota a gota

la gran vía
los coches
el azul del cielo
los plátanos de sombra
los pasos muertos
el absurdo

gota a gota

una lluvia
una tormenta
un diluvio

gota a gota

la nada
un diablo callado
que tira los dados

gota a gota

perdido en las calles
en mí mismo
la angustia

gota a gota

sentarme y pensar
sentarme y no pensar
matar este ruido

gota a gota

cortar todos los hilos
refugiarme en la locura
la locura de los místicos

gota a gota


a la ciudad (barcelona)

sentada entre dos ríos
cíclope y mujer
infinita y eterna
con las piernas abiertas
mirando al mar

madre joven
que menstrua sobre la arena
tinte rojo del océano
llanto sobre los campos 

madre vieja
que defeca sobre sus hijos
y hace del monte desierto
con el calor ardiente de sus manos

madre anciana
creadora de mitos y leyendas
mapas
en los caminos angostos de la vida

madre niña mal criada
que devora la cabeza de su prole
como una mantis religiosa
mientras copula con ellos

llora la noche

llora la noche
sobre las briznas de yerba

acaricia el rocío
su rotundidad minúscula
y tierna

llora la noche
en la niebla

y mi corazón se oxida 
y bombea

estrellas borrosas
y eléctricas

la carcoma

crees que eres mejor que yo
mejor que nadie

mejor que el sol
que calienta el corazón
más helado

o mejor que el hielo
que apaga el fuego
que nos consume por dentro
a los desesperados

hace tanto tiempo
que no te mueves
de tu trono
que crees que eres
tu propio asiento

pero no eres de madera
aunque estés carcomido
por tu arrogancia