La poesía empieza donde la palabra pierde el sentido

lo que quiero

que me retumbe el corazón
como un terremoto de sangre en el pecho
es lo que quiero

llorar desconsolado porque estoy un segundo
sin mirarte a la cara

que se me caiga la piel de las palmas de las manos
de tanto acariciarte el cuerpo
es lo que quiero

tu piel blanca como la nieve
la soga de tus brazos en mi cintura toda la noche
y al alba
morir asolado por tus besos

eso
vida
es lo que quiero

ahora mismo

ahora mismo
hay un millón de personas vestidas de blanco
demoliendo ciudades
con una sonrisa podrida en la boca
y un libro como martillo

banderas blancas no dejan ver el cielo
banderas banderas banderas
y vestidos de un blanco impoluto
destruyendo lo poco que nos queda entre las manos

hablo de vosotros
perros lobos sanguijuelas que os vestís con toga ensangrentada
e impartís odio entre las gentes

hablo de vosotros
que con mirada atravesada gobernáis desde las nubes

hablo de legiones de personas de bien
que con palos y troncos sostienen la inmundicia

como ratas encerradas en una caja
os vais devorando la cabeza unos a otros
y yo con las manos vacías os entrego lo que queda de mí
que debe de ser
prácticamente nada

sobre tela

I

la herida
vomitando dolor metálico

el puñal que chirría jadeante
en el pecado oxidado

un luto transparente
rojo
sobre piel seca

II

mirada atravesada
anhelante de ojos verdaderos

III

deforme
ave sin plumas que salta hacia cielo
exhausta
enorme

absolutamente ridículo
espasmódico en el espejo

superfluo

lo que quieres ver
y ves

lágrimas de cocodrilo
en pañuelo de plañidera

sin sentimiento
hueco

absolutamente hueco

Oda a Walt Whitman de Lorca


ya mamma

"yâ mamma mio al-habîbi
bay-sê e no me tornade
gar ke fareyo ÿâ mamma
in no mio 'ina' lesade"
"¡Oh madre, mi amigo
se va y no vuelve!
Dime qué haré, madre,
si mi pena no afloja."

alguien triste
que me acompañara con mis penas

ni un beso me deja
madre
ni un beso

qué haré yo ahora
madre
ay qué haré yo

suben la cuesta del pueblo
hienas de risa tétrica
se van comiendo al niño
que dejé allí sentado

se va para no volver
y con su marcha
vuelven mis penas
como gigante de crisantemos

qué fue de la adelfa
qué de la palmera
qué del níspero
y de los parrales del verano
que adornaban el patio

sólo quedan crisantemos
sillas vacías
y silencio de mármol

se va comiendo el niño que fui
y mastica moviendo la cabeza
entre lúgubres risas de hiena

se va diciendo que me quiere
y no quiere hacerme daño

que haré yo madre
si ni un beso me deja



canta la sibila

canta la sibila
con voz de cristales rotos
que la hoja verde en la rama
solo sabe  soñar con el barro

viento que meces mi luto
extiende mi llanto en el bosque

tierra que abrazas mi canto
extiende mi llanto en la hierba

paisaje con moribundo

en los callejones oscuros y pestilentes del raval
walt whitman yace en una soledad de cucarachas
sobre cartones abandonados
y se deja helar por la muerte

no mueras viejo barbudo marica
no te dejes despeñar en el abismo

sólo tiene sentido
la luz que desvela tu piel
y me ilumina

por ti se disipa la niebla de la multitud sin alma
todo el orbe se manifiesta verdadero

ilumina a los yonkis muertos en vida
dando tumbos con los ojos en blanco

ilumina a las putas tristes
casi sin pupilas
poseídas por una rabia infinita
contra todo

viejo cadáver parlanchín
sigue cantando las calles de cieno
serpientes hambrientas que sueñan el mar

señala a los ladrones y los camellos
señala a los desesperados
a los que huyen siempre hacia ninguna parte

baila con los niños
palomas blancas que mesan tus barbas
baila con las viejas
hermosos olivos retorcidos
con el cuerpo ya en la tierra

y si mueres porque eres esta ciudad
que ya no se reconoce en los que sufren
muere en un grito metálico que se eleve sobre la ceniza
y se oiga como campanas más allá de la inmundicia
y llueva como vergüenza sobre las calles impolutas
y sobre las miradas de asco